No puede haber paz sin desarrollo ni desarrollo sin paz

21/11/2025

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Sólo creando oportunidades para el desarrollo estamos dando oportunidades para la paz

¿Es el desarrollo una condición necesaria para la paz? O, ¿es la paz un requisito para el desarrollo? En Manos Unidas entendemos que estos conceptos son interdependientes, como caras de una misma moneda. No hay paz sin desarrollo y, sólo en sociedades pacíficas es posible construir un verdadero desarrollo.

Pero, ¿de qué hablamos cuando decimos desarrollo?

Muchas personas entienden el desarrollo como crecimiento económico y acumulación de riqueza exclusivamente. La realidad es que el desarrollo es un concepto multidimensional que, a pesar de incluir el crecimiento económico, va mucho más allá.

El desarrollo humano integral y sostenible por el que trabajamos, en línea con el que se impulsa desde las instituciones internacionales, consiste en promover condiciones de vida dignas, potenciar sociedades democráticas, acabar con el hambre y la desigualdad, siempre cuidando de nuestro entorno natural y social.

La propia Agenda 2030 lo define como el camino para “poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí a 2030, combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”.

El desarrollo es, entonces, un proceso solidario y duradero; sostenible económica, social y medioambientalmente; donde la persona, es el centro. Y debe ser integral, que abarque todas las dimensiones de la persona: física, intelectual, social, cultural, espiritual. Es decir, un desarrollo a través del cual se promuevan los derechos humanos de todas las personas, de todos los pueblos, en todas partes.

El Derecho al Desarrollo Humano y la Paz

La auténtica paz, entendida no solo como ausencia de guerra, sino también de injusticias y desigualdades, está directamente relacionada con el desarrollo humano.

A ese desarrollo del que venimos hablando, todas las personas de nuestro planeta tienen derecho. Es un derecho humano inalienable. Y, en consecuencia, cuando una comunidad, un país, una región, son descartados de la posibilidad de un desarrollo integral, económico, social, cultural y político, se están sentando las bases para la violencia. Tanto la paz como el desarrollo se alcanzan cuando desaparecen todos los tipos de violencia, desde conflictos armados hasta discriminaciones y desigual acceso a servicios básicos.

El resultado más grave de la negación de oportunidades, los desequilibrios, la desigualdad y la dominación de unos sobre otros es la violencia. Violencia estructural e individual. Porque, cuando las estructuras económicas, sociales, políticas, culturales, e incluso religiosas apuestan por el súper desarrollo de una parte de la humanidad, frente a la exclusión de multitudes que no pueden llevar una vida digna, provocan respuestas violentas de las personas que se enfrentan con desesperación a estas estructuras.

Por eso, hace unos años, afirmábamos que el desarrollo es camino para la paz, porque creemos que creando oportunidades para el desarrollo estamos dando oportunidades para la paz. Sobre todo, para las personas y pueblos más empobrecidos de la tierra.

¿Cómo trabajar por la paz apoyando un desarrollo humano integral y sostenible?

El apoyo a quienes están privados de unas condiciones dignas de vida y afectadas por la violencia incluye acciones en nuestros países, a través de la educación para la transformación social. Con ella, se fomenta el cambio de estructuras, valores, actitudes y comportamientos injustos hacia otros solidarios, responsables, respetuosos y sostenibles, comprometidos con la justicia social y la paz.

También con el apoyo directo a las comunidades que enfrentan esta violación de sus derechos y la violencia que la causa o se deriva de ella, por medio de proyectos que, respaldando sus iniciativas, creen igualdad de oportunidades y promuevan mejores condiciones de vida.

¿Y yo qué puedo hacer?

Todas las personas podemos aportar, cultivando conductas pacíficas de concordia, de diálogo, de respeto.

También podemos intentar hacer la vida más sencilla, preocupándonos más el ser que el tener, consumiendo responsablemente, para poder frenar la explotación que impide la sostenibilidad de nuestro planeta y que provoca pobreza en tantas partes del mundo.

Puede ayudarnos, interesarnos por las causas de la desigualdad, la negación de derechos y la violencia que vive una parte tan importante de la humanidad.

Y, por último, respetar la vida y la dignidad de las personas como norma fundamental que inspire un auténtico progreso.

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