Manos Unidas en Filipinas: La Paz no se firma, se construye

13/11/2025

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Cuando la vida cotidiana se reduce a una lucha constante por lo básico, la violencia puede parecer la única opción viable para garantizar un ingreso.

Texto de Jessica del Olmo, Técnica de proyectos – Manos Unidas     

En algunos lugares del mundo, la decisión de unirse a un grupo armado no nace de ideologías ni de grandes discursos políticos. No responde a la épica de una conquista ni a la defensa de una causa. Surge, simplemente, de la urgencia de sobrevivir.

Imagina nacer en una isla rodeada de carabaos y campos de arroz, iluminada por el sol desde las primeras horas del día. Visto así, podría parecer una imagen paradisíaca. Sin embargo, detrás de esa postal se esconde una realidad muy distinta para las personas que viven en ese entorno. La precariedad se manifiesta en cada detalle: hogares sin agua potable, electricidad intermitente, centros de salud inexistentes o a horas de camino. Los hospitales capaces de tratar enfermedades graves solo son accesibles mediante un barco que sale unas pocas veces al día. La educación de calidad está fuera del alcance: las universidades se encuentran en otras ciudades y son costosas. Las oportunidades para generar ingresos son escasas. A todo ello se suma la incomunicación —aislamiento geográfico y digital— que agrava la sensación de abandono. Sin carreteras, sin señal, sin voz.

En ese contexto, y cuando los grupos armados están cerca, la violencia se convierte en una opción atractiva. Reclutar es sencillo cuando la alternativa es la pobreza y el hambre. Unirse a un grupo armado puede significar recibir un salario, comida y protección. No se trata de creer en una causa, sino de asegurar la supervivencia.

Ilidji, exintegrante del grupo armado ASG (Abu Sayyaf Group) en Filipinas, lo explica con crudeza:

“La pobreza. No tenía trabajo y, a pesar de mis varios intentos de solicitar empleo, realmente no había oportunidades laborales en nuestro lugar. Ya tenía una familia entonces; era mi obligación alimentar a mis hijos y cubrir sus necesidades.”

(Research on Youth Vulnerability to Violent Extremism in the Autonomous Region in Muslim Mindanao, Case Study 3).

Esta realidad, que rara vez aparece en los titulares, explica por qué la paz no se construye únicamente con acuerdos firmados en mesas de negociación ni combatiendo a “los malos”. La paz requiere oportunidades reales y el ejercicio efectivo de derechos: salud, educación, vivienda, medios de vida, participación, acceso a la justicia.

Mindanao, una isla con cicatrices profundas

La isla de Mindanao, la segunda más grande de Filipinas, es un ejemplo claro. Rica en recursos naturales —minerales, tierras fértiles, biodiversidad—, pero históricamente marginada. Décadas de conflicto han dejado cicatrices profundas: desplazamientos, pobreza extrema, desconfianza. En muchas comunidades, la falta de alternativas económicas convierte la violencia en una opción lógica. Y mientras persista la precariedad, el ciclo se repite.

Romper ese ciclo exige algo más que palabras. Significa garantizar acceso a agua potable, impulsar medios de vida sostenibles, ofrecer formación, crear espacios de diálogo donde antes solo había silencio.

 

Cada pozo, cada huerto comunitario, cada taller de capacitación, cada negocio apoyado, cada vivienda construida, es una herramienta para la paz. Porque cuando las personas tienen opciones, la violencia deja de ser atractiva.

Jenny Piala, participante en el programa de vivienda, impulsado por ZABIDA, Manos Unidas y AECID, y presidenta de la comunidad Kaayuhan, lo resume así:

“Hay una gran diferencia. Al menos ahora podremos dormir en nuestra propia casa. Ya no viviremos con miedo, como antes, cuando nuestra casa se inundaba y había drogadictos en el barrio. Cuando nos traslademos aquí, podré decir que realmente podremos dormir en paz.”

Sandra Atamon, tejedora en Barangay Danit Puntucan, Lamitan City, explica:

“Esta es la única manera de ayudar económicamente a nuestras familias y estas son las habilidades que tenemos y necesitamos mejorar, especialmente en el diseño. A través de la construcción del centro de tejido tenemos un lugar propicio para la formación y para tejer juntas, trabajar juntas, desarrollar capacidades sociales y producir más productos para obtener ingresos adicionales.”

 

Paz se escribe con D de Derechos y Desarrollo

Construir paz significa ofrecer alternativas de desarrollo, antes de que lleguen las armas. El desarrollo y los derechos humanos son las herramientas más poderosas contra la violencia. No es un camino rápido ni sencillo, pero es el único que transforma la lógica del conflicto en la lógica de la esperanza. La paz no se firma: se construye, día a día, con oportunidades que devuelven dignidad y futuro.

Para que la paz sea sostenible, estas oportunidades deben enraizarse en sociedades democráticas, inclusivas y participativas, capaces de garantizar derechos y rechazar la violencia como opción.

Cuando las comunidades cuentan con instituciones sólidas, espacios de diálogo y mecanismos para resolver conflictos sin recurrir a las armas, la lógica de la guerra pierde fuerza.

La educación para la paz es parte esencial de este proceso. Elbert L. Manayon, profesor de instituto, comparte su experiencia:

“Aplicar el concepto de paz desde lo intangible a lo tangible es todo un reto. En primer lugar, hay que integrarlo en el plan de estudios. Se formó al profesorado para integrar el concepto y los valores de la paz en las aulas. También tenemos actividades por la paz para el alumnado. Hemos creado un club de la paz y tenemos ya Jóvenes Tejedores de Paz (reconocimiento de jóvenes que han realizado una labor contrastada a favor de la paz). Ellos y ellas son el testimonio del esfuerzo de la escuela y de ZABIDA para promover realmente la cultura de la paz y la educación para la paz aquí en nuestra escuela y comunidad.”

Angeline Agraviador, animadora de paz y estudiante, añade:

“No sólo hablamos de paz en la escuela, sino también sobre las dificultades que sufrimos, como la salud mental, el acoso escolar y los embarazos adolescentes, y sobre cómo podemos evitar que estas situaciones se agraven.”

La paz no depende solo de proyectos puntuales, sino de construir sistemas que protejan la vida, la justicia y la equidad.

 

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