Entrevista a Raquel Agea, ganadora del premio al tercer mejor clipmetraje.

25/06/2020

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El tercer premio de esta XI edición ha sido para Raquel Agea, por su clipmetraje Mar Mayor.

 
En esta entrevista Raquel nos cuenta por qué decidió participar en el Festival, cómo ha sido el proceso creativo de su corto y su visión del arte como medio de expresión, reflexión y movilización.
 

 

Raquel, llevas años dedicada a tus estudios audiovisuales y a la creación, ¿crees que el lenguaje audiovisual es una buena herramienta de sensibilización social?

Hace décadas que la educación se rige por una insensibilidad visual a una temprana edad. Estamos acostumbrados desde muy pequeños a imágenes violentas y explícitas divulgadas por todos lados, desde la televisión hasta la palma de nuestra mano. Siento que falta conciencia de este medio a través de la educación de los más jóvenes para que sepan utilizar esas imágenes debidamente. Saber cómo gestionarlas, cómo interpretarlas y también, cómo crear imágenes diferentes, que les permitan experimentar y encontrarse a sí mismos a través de ellas.

También es cierto que la evolución de los medios de comunicación ha permitido un portal mucho más amplio donde poder denunciar los problemas del mundo actual más fácilmente. Cualquier noticia extranjera llega de inmediato al resto del mundo, permitiendo una comunicación positiva entre ellas. Una comunicación, comprensión y, efectivamente, sensibilización que nos rodea más allá de nuestros límites territoriales.
 

¿Qué te empujó a participar en el Festival de Clipmetrajes en esta XI edición?

Conozco el festival desde hace años y he ido siguiendo sus anteriores ediciones muy de cerca. Siempre había querido participar pero no lograba encontrar la idea y la forma adecuada para llevarlo a cabo. Esta última edición vino precedida por un suceso medioambiental en concreto que he sentido muy cercano, el de la paulatina muerte del Mar Menor. Estudié en Murcia y viví unos años en la ciudad, es como mi segunda casa y me pareció idóneo realizar una pieza para el festival centrando la atención en un suceso nacional. En una zona pequeña de una comunidad autónoma donde su propio ecosistema se está viendo destrozado por la explotación de los más poderosos. El Mar Menor es claramente una metáfora del mundo entero.
 

¿Cómo surgió el guion de tu corto Mar Mayor?

El guion surgió de manera muy natural, los proyectos de vídeo que llevo adelante suelen ser los que, de repente, en un momento inesperado, me vienen imágenes muy nítidas de él a la mente, como si se tratara de un recuerdo cercano. Me pasó algo parecido con Mar Mayor. Tenía imágenes muy claras de lo que quería hacer, esa conjunción de imágenes actuales de la zona grabadas por mí junto a vídeo de cine doméstico antiguo de la misma zona.

Es entonces cuando indagué en el archivo digital de Memorias Celuloides, un proyecto surgido en Murcia e impulsado por Salvi Vivancos y Elena Azzedín que recupera el cine doméstico de antiguas películas analógicas. Me enamoré de las imágenes que vi, todas con el aire perfecto del verano en los 80, cuando la decadencia del Mar Menor todavía no era una preocupación. Entonces, esas imágenes con las actuales me permitían jugar muy bien con el paso del tiempo y la ironía.
 

¿Qué fue lo que más te costó realizar para obtener ese resultado final que estabas buscando?

Lo que me resultó más difícil fue escribir la voz en off. Al principio pensé en escribir una especie de carta de una madre a su hijo disculpándose por la trágica herencia medioambiental que le había dejado pero no llegaba a convencerme. Finalmente decidí hablar en primera persona, con algunos datos ficticios de mi biografía, para trazar una cronología resumida de la decadencia de la laguna. La máxima dificultad vino cuando tuve que sintetizar toda la trayectoria destructiva del Mar Menor en un minuto de voz en off y además grabarlo sin que pareciera que perdía el aliento.
 

¿Qué momento ha sido el más emocionante dentro de este proyecto?

Para mí, el momento más emocionante de un proyecto es cuando está finalizado y me pongo a recordar la idea primaria que originó todo. Me parece precioso y necesario echar la vista atrás y reconocer lo satisfactorio que es ver materializada una idea exactamente como te la imaginabas. Ya no solo en el ámbito artístico, sino también en la vida cotidiana. Me parece necesario establecer pequeñas metas y sentirse reconfortado una vez cumplidas, creo que no existe mayor energía y motivación interior que esa.
 

¿Cómo valorarías tu experiencia, como participante del Festival, y cómo animarías a otras personas a presentar sus trabajos en la XII edición?

Al ser un festival completamente digital, tanto en su formato como en la muestra de los cortometrajes, no creo que se haya visto muy perjudicado por todo lo que está pasando. Sin embargo sí se echa de menos una clausura física, en donde poder interactuar con los ganadores y el jurado, se echa de menos poder celebrar. Pero independientemente de eso, la propia experiencia de partir de una idea que te motive y llevarla a cabo, ya merece la pena.

Me gustaría invitar a la gente a participar en futuras ediciones para que intenten reflexionar sobre el estilo de vida que llevamos. Es un buen ejercicio para darnos cuenta de cómo nuestros actos y decisiones repercuten en la actualidad y en un futuro inmediato. Se debe crear arte de la tragedia, es la única manera de que la población se percate de su responsabilidad y de que encuentren su propia voz y su propia mirada.

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