Rosa María Calaf: “Detrás de la mayoría de los conflictos hay una combinación de desigualdad, exclusión, lucha por el poder y control de recursos”

22/01/2026

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Es la corresponsal con la trayectoria más larga de Televisión Española. Rosa María Calaf es una de las más prestigiosas periodistas del último medio siglo. A lo largo de su carrera como reportera, ha viajado por 186 países y ha realizado crónicas de todo tipo.

Rosa María, como corresponsal internacional y de guerra, has visto de cerca lo que significa para las comunidades que el conflicto llegue hasta esos niveles, ¿identificas en las causas de las guerras denominadores comunes? ¿Y qué relación tienen con la vulneración de los Derechos Humanos?

Sí, desde luego.  Detrás de la mayoría de los conflictos hay una combinación de desigualdad, exclusión, lucha por el poder y control de recursos. Cuando fallan los mecanismos democráticos y el respeto al Estado de derecho, la vulneración sistemática de los Derechos Humanos no solo es consecuencia del conflicto, sino muchas veces su causa directa.

Las mujeres y las niñas son las que más sufren estas situaciones de injusticia y desigualdad que desencadenan los conflictos, sin embargo, son las más comprometidas con el desarrollo de sus comunidades y la defensa de sus derechos. ¿Cómo valoras su papel en este escenario?

Son quienes más sufren la violencia, su cuerpo es utilizado como táctica de guerra, pero también, son ellas quienes sostienen a las comunidades cuando todo se derrumba. Conviene no olvidarlo y hay que enfatizarlo. No son solo víctimas, son protagonistas. He visto siempre a las mujeres liderar redes de apoyo, educación y resistencia cívica en situaciones extremas. No solo es cosa suya el cuidado, la cotidianidad sino también la economía y hasta la defensa.

Sin embargo, sus derechos son olvidados y siguen estando ausentes de las mesas de negociación y de reconstrucción. Sin su participación, no hay paz duradera.

¿Sientes la responsabilidad, como periodista, de poner el foco en los que no tienen visibilidad a la hora de defender sus derechos?

Es una responsabilidad absoluta y crucial. El periodismo tiene la obligación ética de ser altavoz y de hacer que se escuche su voz porque la tienen, de mirar donde nadie quiere mirar. Informar no es solo contar lo que ocurre, sino también a quién le ocurre y por qué. Hay que propiciar que el receptor de la información se haga preguntas, busque responsabilidades, incluso la propia.

¿Estamos retrocediendo en la garantía de los Derechos Humanos? Si es así, ¿qué crees que es lo más peligroso de esta situación? ¿Y qué puede hacer la ciudadanía para revertirla?

Sí, es evidente que hay fuerzas e intereses que se han propuesto no solo que no progresen, sino que, efectivamente, retrocedan. No son nuevos, pero, son más virulentos y frontales, con métodos y recursos más eficaces que nunca.

Lo más peligroso es la normalización de ese retroceso: aceptar como inevitables la guerra, la desigualdad o la pérdida de libertades. La ciudadanía puede informarse, exigir rendición de cuentas, apoyar el periodismo riguroso y no renunciar a la defensa de los valores democráticos. Debe esforzarse en usar las herramientas tecnológicas para el bien común no para el bien de unos cuantos.

¿A lo largo de tu carrera te has encontrado con dificultades para poder informar de manera veraz sobre determinados temas? ¿Cuáles han sido estos temas y esas dificultades que has tenido que enfrentar?

Muchas. Siempre ha habido voluntad de censura directa y de propaganda, presión política, económica o militar. En los conflictos, la manipulación de la información es un arma más. El reto ha sido siempre contrastar, resistir la simplificación y mantener la independencia.

Hoy todo eso es más difícil porque se ha perfeccionado la tecnología en la perversión para instalar la mentira e impulsar la emoción sobre la razón.

¿Qué debemos hacer las ciudadanas y ciudadanos para desarrollar nuestro sentido crítico y estar bien informados?

En primer lugar, sabiendo lo que está sucediendo. Diversificando fuentes, desconfiando de los mensajes simples, distinguiendo información de opinión y dedicando tiempo a comprender el contexto. El pensamiento crítico exige una forma de ciudadanía activa. Hay que decidir si queremos un mundo de plataformas, aplicaciones y consumidores que compren productos e ideas publicitadas con las mismas técnicas de marketing, o un mundo de conocimiento, valores y ciudadanos que piensen y sean capaces de defender sus derechos y el bien común.

Para terminar, Rosa María, ¿por qué animarías a participar en una iniciativa como el Festival de Clipmetrajes, dando luz a la temática de este año “No hay Paz sin Derechos”?

Porque la paz no es solo ausencia de guerra: es justicia, dignidad y derechos garantizados. Iniciativas como esta permiten implicar a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes, en una reflexión creativa y comprometida sobre el mundo en que vivimos. Dar luz a los Derechos Humanos es una forma concreta de defender la paz.  Conseguirla es cosa de todos y todas.

 

Imprescindibles retrata a Rosa María Calaf, pionera del reporterismo televisivo en el documental La Calaf, intermediaria de guardia. La obra recupera la historia e intrahistoria de una periodista irrepetible, testigo de los acontecimientos que han compuesto la fotografía mundial reciente.

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