El círculo de la desigualdad

2/12/2021

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Los análisis sobre la desigualdad suelen estar centrados en el ámbito económico y en el desequilibrio en la distribución de los ingresos o renta, sin embargo, la desigualdad afecta a los derechos más elementales de todos los seres humanos.

 

Olivier De Schutter, relator de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, afirma en su último informe, que la movilidad social ascendente que existía en los años 1940 ha disminuido en la actualidad. Esto significa que, tanto el privilegio, como la pobreza tienen más probabilidades de persistir a lo largo de las generaciones.

La igualdad de oportunidades está en el centro de nuestra concepción de una sociedad justa (…) Sin embargo, a los niños nacidos en familias desfavorecidas se les niega esa igualdad de oportunidades. Sus posibilidades de alcanzar un nivel de vida decente en la edad adulta disminuye considerablemente por el mero hecho de que sus padres sean pobres”.

Según el informe, mientras que los individuos nacidos en la década de 1940 tenían más posibilidades de pasar de la mitad inferior al cuartil superior en los países en desarrollo que en los países desarrollados, la situación ahora se ha invertido: la movilidad ascendente está disminuyendo en el mundo en desarrollo, y la persistencia en la parte inferior está aumentando.

La baja movilidad relativa significa que tanto el privilegio como la pobreza tienen más probabilidades de persistir a lo largo de las generaciones, con claras repercusiones para los pobres”, asegura De Shutter.

Las sociedades más igualitarias también están mejor preparadas para afrontar una serie de retos relacionados con la salud, la educación y la violencia. De ahí que en la Agenda de Desarrollo 2030 los líderes mundiales se comprometieran a reducir la desigualdad en sus países (Objetivo de Desarrollo Sostenible número 10), y prometieran garantizar que los ingresos del 40 % de las personas con menores recursos aumentaran más rápido que la media.

Sin embargo, no es esa la tendencia que se ha establecido, desde 1980, la mitad de la renta mundial está en manos del 10% más rico.
 

 

La perpetuidad de la pobreza

 
Los niños nacidos en familias desfavorecidas tienen muchas menos posibilidades de alcanzar un nivel de vida adecuado en la vida adulta que los nacidos en familias más ricas.

El escaso acceso a la atención médica y la exposición a factores de riesgo pueden conducir a una mala salud. La mala salud no solo es costosa cuando el seguro médico es insuficiente o no está disponible; también reduce las oportunidades de empleo.

Vivir en condiciones deficientes o en lugares desatendidos por los servicios públicos también puede tener un impacto significativo en la capacidad de salir de la pobreza.

El acceso a una educación de calidad también suele ser más difícil para las familias con bajos ingresos, y el rendimiento educativo se ve significativamente obstaculizado por las circunstancias que se dan en la primera infancia.

Las perspectivas de empleo también son más débiles por razones relacionadas con las desventajas socioeconómicas durante la infancia.

Quizás lo que más sorprendente de los diversos círculos viciosos que perpetúan la pobreza es que, tanto la desigualdad de ingresos como la desigualdad de riqueza, son las principales explicaciones de por qué las personas siguen atrapadas en la pobreza.

Las menores oportunidades de ahorrar, adquirir o heredar activos, y la escasa cobertura de los mecanismos de protección social hacen que las personas en situación de pobreza rara vez tengan la oportunidad de cambiar sus trayectorias.

Mientras que los hogares más ricos responden a los choques externos e internos con su riqueza e ingresos acumulados, sus redes sociales y sus niveles de educación más altos que les permiten conseguir trabajos mejor pagados, los individuos más pobres tienen menos opciones para mitigar los riesgos y los choques.

“Los niños nacidos en familias pobres tienen menos acceso a la sanidad, a una vivienda digna, a una educación de calidad y al empleo que los de los hogares más acomodados, esto reduce drásticamente sus posibilidades de salir de la trampa de la pobreza, afirma De Schutter.

“La pobreza infantil no solo es moralmente inaceptable y una violación de los derechos humanos, sino que también es cara. En Estados Unidos, la pobreza infantil cuesta más de un billón de dólares al año, es decir, el 5,4% de su PIB, pero por cada dólar invertido en reducirla se ahorrarían siete dólares”.
 

El mito de la meritocracia

 
Olivier De Schutter, denuncia además que, frente a ese concepto de justicia social de la igualdad, la desigualdad fomenta “la concepción anticuada y ya desacreditada de la meritocracia, idea que “es sostenida, sobre todo, quizá sin que resulte sorprendente, por las personas con ingresos elevados”.

Para el relator, es hora de acabar con el mito de que la desigualdad es un incentivo que anima a la gente a trabajar más.

“Los hechos apuntan a lo contrario. La desigualdad reduce la movilidad social y consolida las ventajas y desventajas durante décadas. Cuando fetichizamos el mérito, estigmatizamos a las personas en situación de pobreza o con bajos ingresos, y las culpamos de su propia condición, dijo De Schutter.

La pobreza es un fracaso no del individuo, sino de la sociedad. Los gobiernos deben actuar ahora antes de que otra generación se vea condenada al mismo destino que sus padres”, concluye el relator.

Fuente: ONU

La vida en la Alta Guajira colombiana

 
Este departamento del norte de Colombia, ubicado en la frontera con Venezuela, es la tierra de la comunidad indígena wayúu que lucha desde hace décadas por su dignidad, con el apoyo de la Fundación Caminos de Identidad (FUCAI), socio local de Manos Unidas.

La falta de agua, derivada de las sequías, ha convertido sus tierras en un desierto. A eso hay que sumar la proliferación de proyectos mineros que utilizan grandes cantidades de agua para su funcionamiento, lo que deja a la población, eminentemente campesina, sin recursos para cultivar e, incluso, para el consumo diario.

Un abandono que ha causado que, en lo que va de año, hayan muerto de hambre y sed cerca de 30 niños en La Guajira.

Ante este dramático desenlace, seis jóvenes wayúu decidieron iniciar una huelga de hambre con la que, durante 30 días, lograron que algunos medios de comunicación colombianos se hicieran eco de las reivindicaciones y propuestas que la comunidad indígena exige al Gobierno desde hace años.
 

Tras abandonar la huelga a petición de sus familias y amigos, dedican este vídeo a esas víctimas de la “desigualdad y la injusticia”

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