El derecho a la salud de las personas refugiadas

10/06/2021

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Ante la pandemia todos somos vulnerables. El virus ha demostrado que no discrimina, pero muchas personas refugiadas, quienes se han desplazado a la fuerza, apátridas y migrantes
están en mayor riesgo.

 
Tres cuartas partes de los refugiados y muchos migrantes del mundo están alojados en regiones en desarrollo donde los sistemas de salud ya están sobrecargados y tienen poca capacidad. Muchos viven en campamentos, asentamientos, alojamientos improvisados o centros de recepción que ya están sobrepoblados, donde carecen de acceso adecuado a servicios de salud, agua potable y saneamiento.

Hay 26 millones de refugiados en todo el mundo. Alrededor del 85% de ellos se encuentran en países en desarrollo o menos desarrollados.

Se estima que 11 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse debido a conflictos o persecución durante 2019.

Solicitar asilo es un derecho humano

Por supuesto, los Estados tienen derecho a administrar sus territorios y fronteras, y durante una pandemia es comprensible que tomen medidas adicionales para limitar la propagación del virus. Pero muchos países han demostrado que es posible mantener el acceso a los procedimientos de asilo y protección a pesar de tales restricciones.

Toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”. – Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 14 (1)

Esta enfermedad solo puede controlarse si existe un enfoque inclusivo que proteja los derechos de toda persona a la vida y la salud. Los migrantes y refugiados son desproporcionadamente vulnerables a la exclusión, el estigma y la discriminación, especialmente cuando están indocumentados. Para evitar una catástrofe, los gobiernos deben hacer todo lo posible para proteger los derechos y la salud de todos. De hecho, proteger los derechos y la salud de todas las personas ayudará a controlar la propagación del virus.

Ahora más que nunca, dado que el COVID-19 representa una amenaza global para nuestra humanidad colectiva, nuestro enfoque principal debería ser la preservación de la vida, independientemente del estatus de cada persona. Esta crisis exige un enfoque internacional coherente y efectivo que no deje a nadie atrás.

Fuente: Comunicado de prensa de ACNUDH, OIM, ACNUR y OMS. Marzo 2020

La cineasta Paula Palacios retrata la realidad de las personas migrantes en su documental Cartas Mojadas

Miles de personas han cruzado el Mediterráneo estos años tratando de alcanzar Europa. Cartas Mojadas cuenta, a través de una voz misteriosa desde el fondo del mar, la epopeya más trágica de nuestra historia contemporánea. Siguiendo cartas escritas, de madres a hijos, la voz acompaña al barco de la ONG Open Arms, en su misión más dramática, luchando para salvar a 550 personas del naufragio. Olvidándonos de que se trata de una historia real, la situación empeora cuando la película nos lleva a bordo de un barco de guardacostas libios y nos traslada al lugar más peligroso del mundo en Libia, donde se maltrata y esclaviza a seres humanos.

Una pregunta recurrente es por qué hago otra película sobre migraciones. La respuesta es fácil: porque ese horror sigue ocurriendo, la gente sigue muriendo, les seguimos expulsando” cuenta Palacios, que comenzó a grabar en 2016 y acabó a finales de 2019. “Ninguno de ellos se imagina que en Europa no entendamos por lo que pasan”. 

Somos países desarrollados que nos hemos unido para hacer cosas estupendas, pero no somos capaces de hacerlas cuando hablamos de situaciones de vida o muerte como estas”, asegura la directora.

Fuente: Entrevista EL PAÍS. Nacho Sánchez 29/06/2020

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